Cada vez se habla más de la silver economy o economía plateada, un concepto que resume una de las grandes realidades de nuestro tiempo: el envejecimiento de la población y todo lo que ese cambio conlleva a su alrededor. Lejos de ser un fenómeno marginal, se ha convertido en una palanca económica de primer orden. Te contamos en qué consiste y por qué importa.
Qué es la silver economy
La Comisión Europea define la silver economy como toda la actividad económica orientada a atender las necesidades de las personas mayores de 50 años. Es decir, el conjunto de productos y servicios que dan respuesta a las demandas de un grupo de población cada vez más numeroso y con un poder adquisitivo en alza.
Se trata de un ámbito muy transversal, que abarca sectores tan diversos como la salud, el turismo, la vivienda, las finanzas, el ocio o la tecnología. Todos ellos enfocados en mejorar la calidad de vida de las personas mayores y en acompañar en la última etapa de la vida.
¿Por qué ha cobrado tanta importancia?
La explicación de fondo está en un profundo cambio demográfico. Vivimos más años gracias a los avances médicos y a hábitos de vida más saludables, mientras la natalidad se mantiene baja, lo que transforma poco a poco nuestra pirámide de población. A ello se suma la llegada a la jubilación de las generaciones del baby boom, que engrosan el grupo sénior con un perfil más activo, conectado y con mayor capacidad de gasto que el de generaciones anteriores.
Según la Organización Mundial de la Salud, la población mayor de 60 años se habrá duplicado a escala global en 2050, hasta alcanzar los 2.100 millones de personas. España es uno de los países donde esto se nota con más fuerza: a comienzos de 2024, el INE contabilizaba más de 20,9 millones de personas mayores de 50 años, alrededor del 42 % de la población, y las previsiones apuntan a que el 40 % de los habitantes superará los 60 años en 2040, lo que situará al país entre los más envejecidos del mundo.
Ese peso demográfico se traduce directamente en peso económico. Los estudios del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre señalan que las personas mayores de 55 años representan el 34 % de los habitantes y se han convertido en el grupo de edad con mayor capacidad adquisitiva, con un consumo privado que alcanza el 39,3 % del total nacional. De hecho, el conjunto de actividades vinculadas a la silver economy genera ya cerca del 26 % del PIB español. En otras palabras, atender bien a las personas mayores es, además de una responsabilidad social, una de las grandes oportunidades económicas de las próximas décadas.
De la salud a las finanzas: hasta dónde llega la silver economy
El envejecimiento de la población abre oportunidades en numerosos ámbitos, muchos de ellos en plena expansión. La salud y los cuidados ocupan el lugar central, con las residencias, los centros de día, la atención domiciliaria, la fisioterapia y la rehabilitación a la cabeza, junto con todo el ecosistema de profesionales que sostiene ese cuidado. Muy unida a ellos avanza la tecnología asistencial, ya que el envejecimiento impulsa una demanda creciente de domótica, teleasistencia, dispositivos de monitorización de la salud y sistemas de seguridad que mejoran la autonomía y el bienestar de los mayores.
La vivienda es otro de los grandes motores: la reforma de hogares para hacerlos accesibles, las casas adaptadas y los nuevos modelos de convivencia como el cohousing sénior responden al deseo de envejecer con seguridad y compañía. A ello se suman el turismo y el ocio, con un turismo sénior que dinamiza la temporada baja y una oferta cultural y formativa, como las universidades para mayores, que cada vez tiene más seguidores. En el ámbito financiero, los seguros de salud personalizados, la planificación de la jubilación o fórmulas como la hipoteca inversa completan un panorama enormemente diverso, donde cualquier sector puede encontrar en las personas mayores un público al que aportar valor.
La otra cara del envejecimiento: soledad y edadismo
El crecimiento de la población mayor trae consigo retos que la silver economy no debería pasar por alto, y que afectan de lleno al bienestar de este colectivo.
Uno de los más preocupantes es la soledad no deseada, que se agrava con la edad, y repercute tanto en la salud emocional como en la física de quienes la sufren. A ello se suma el edadismo, es decir, los prejuicios y la discriminación asociados a la edad, que todavía limitan oportunidades a las personas mayores. Se manifiesta de muchas formas, también en el ámbito laboral: según los estudios de Fundación Mapfre, los profesionales sénior reciben la mitad de invitaciones a procesos de selección que otros candidatos más jóvenes, penalizados por estereotipos sobre su coste o su capacidad de adaptación tecnológica.
Estos prejuicios son injustos y desaprovechan el enorme valor de la experiencia, el conocimiento y la estabilidad que aporta este grupo de población. Por eso, la silver economy consiste en construir una sociedad que cuide, incluya y respete a las personas mayores.
En este escenario, las empresas del ámbito sociosanitario tienen mucho que aportar. El desarrollo de tecnología asistencial, como la de Medicip Health, que facilite el día a día en residencias y hogares, que refuerce la seguridad de los mayores y contribuya al bienestar de las personas que los cuidan, respetando siempre su dignidad, es una de las formas más directas de afrontar el reto del envejecimiento.
